JESUCRISTO SUPERIOR A LOS
ANGELES Y SUPERIOR A MOISES.
Mientras algunas sectas mundanas
consideran que Jesucristo solo fue un profeta, Dios Padre, consideró a
Jesucristo como su hijo amado, ni siquiera a algún ángel llamo él “hijo”.
Veamos:
Hebreos 1:5. Porque ¿a cuál de los ángeles
dijo Dios jamás: Mi Hijo eres tú, Yo te he engendrado hoy, y otra vez: Yo seré
a él Padre, Y él me será a mí hijo? (Versión RV60).
Cuando Cristo nació, Dios Padre ordeno a los ángeles que lo adoraran,
por eso nosotros los humanos que somos un poquito menores que los ángeles,
también tenemos que adorar a Dios Hijo, igualmente que a Dios Padre. Veamos: Hebreos 1:6 Y otra vez, cuando introduce al Primogénito
en el mundo, dice: Adórenle todos los ángeles de Dios. (Versión RV60).
Después de su ascensión al cielo, Jesucristo esta sentado a la diestra
de Dios Padre y solo a él Dios le dijo siéntate a mi diestra hasta que ponga a
tus enemigos bajo tus pies. Veamos: Hebreos 1:13.
Pues, ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Siéntate a mi diestra, Hasta
que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? (Versión RV60).
Todos los verdaderos cristianos, debemos de considerar a nuestro Señor
Jesucristo como nuestro Único Sumo Sacerdote, porque solo él puede interceder
ante Dios todopoderoso por nosotros. Veamos: Hebreos 3:1. Por tanto, hermanos santos,
participantes del llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo sacerdote
de nuestra profesión, Cristo Jesús; (Versión RV60). (Versión
RV60).
Moisés fue un fiel servidor de la casa de Dios, pero Jesucristo es
considerado el Hijo de la Casa de Dios, lo que lo hace superior a Moisés en
todos los aspectos. Veamos: Hebreos 3:5 y 6. Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios,
como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir; pero Cristo como hijo
sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la
confianza y el gloriarnos en la esperanza. (Versión RV60).
El Espíritu Santo recomienda, que si oímos la voz de Cristo a través de
su palabra, no debemos endurecer nuestros corazones, como lo hicieron los
Israelitas en el Desierto, quiénes perecieron por no hacer caso de lo que Dios solicitaba
a su pueblo. Veamos: Hebreos 3:7-8. Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy
su voz, No endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación, en el día de
la tentación en el desierto, (Versión RV60). Hoy, Dios Padre
demanda que su pueblo oiga la voz de su Hijo Jesucristo a través de su palabra,
para no perecer de igual manera que los Israelitas perecieron en el desierto. ¡Dios bendiga su Vida. Amen¡.

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